viernes, 18 de noviembre de 2011




Explicación del Anillo del Pescador en la homilía de Benedicto XVI, Misa de inauguración, 24 Abril, 2005.

El signo con el cual la liturgia de hoy representa el comienzo del Ministerio Petrino es la entrega del anillo del pescador. La llamada de Pedro a ser pastor, que hemos oído en el Evangelio, viene después de la narración de una pesca abundante; después de una noche en la que echaron las redes sin éxito, los discípulos vieron en la orilla al Señor resucitado. Él les manda volver a pescar otra vez, y he aquí que la red se llena tanto que no tenían fuerzas para sacarla; había 153 peces grandes y, "aunque eran tantos, no se rompió la red" (Jn 21, 11).

Este relato al final del camino terrenal de Jesús con sus discípulos, se corresponde con uno del principio: tampoco entonces los discípulos habían pescado nada durante toda la noche; también entonces Jesús invitó a Simón a remar mar adentro. Y Simón, que todavía no se llamaba Pedro, dio aquella admirable respuesta: "Maestro, por tu palabra echaré las redes". Se le confió entonces la misión: "No temas, desde ahora serás pescador de hombres" (Lc 5, 1.11). También hoy se dice a la Iglesia y a los sucesores de los apóstoles que se adentren en el mar de la historia y echen las redes, para conquistar a los hombres para el Evangelio, para Dios, para Cristo, para la vida verdadera.

Los Padres han dedicado también un comentario muy particular a esta tarea singular. Dicen así: para el pez, creado para vivir en el agua, resulta mortal sacarlo del mar. Se le priva de su elemento vital para convertirlo en alimento del hombre. Pero en la misión del pescador de hombres ocurre lo contrario. Los hombres vivimos alienados, en las aguas saladas del sufrimiento y de la muerte; en un mar de oscuridad, sin luz. La red del Evangelio nos rescata de las aguas de la muerte y nos lleva al resplandor de la luz de Dios, en la vida verdadera. Así es, efectivamente: en la misión de pescador de hombres, siguiendo a Cristo, hace falta sacar a los hombres del mar salado por todas las alienaciones y llevarlo a la tierra de la vida, a la luz de Dios.

Así es, en verdad: nosotros existimos para enseñar Dios a los hombres. Y únicamente donde se ve a Dios, comienza realmente la vida. Sólo cuando encontramos en Cristo al Dios vivo, conocemos lo que es la vida. No somos el producto casual y sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario. Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con Él. La tarea del pastor, del pescador de hombres, puede parecer a veces gravosa. Pero es gozosa y grande, porque en definitiva es un servicio a la alegría, a la alegría de Dios que quiere hacer su entrada en el mundo.

Quisiera ahora destacar todavía una cosa: tanto en la imagen del pastor como en la del pescador, emerge de manera muy explícita la llamada a la unidad. "Tengo , además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño, un solo Pastor" (Jn 10, 16), dice Jesús al final del discurso del buen pastor. Y el relato de los 153 peces grandes termina con la gozosa constatación: "Y aunque eran tantos, no se rompió la red" (Jn 21, 11). ¡Ay de mí, Señor amado! ahora la red se ha roto, quisiéramos decir doloridos. Pero no, ¡no debemos estar tristes! Alegrémonos por tu promesa que no defrauda y hagamos todo lo posible para recorrer el camino hacia la unidad que tú has prometido. Hagamos memoria de ella en la oración al Señor, como mendigos; sí, Señor, acuérdate de lo que prometiste. ¡Haz que seamos un solo pastor y una sola grey! ¡No permitas que se rompa tu red y ayúdanos a ser servidores de la unidad!
 
«El “enemigo” se encuentra por todas partes y en medio de todos. Sabe ser violento y taimado. En estos últimos siglos ha intentado llevar a cabo la disgregación intelectual, moral, social de la unidad del organismo misterioso de Cristo.
 
Ha querido la naturaleza sin la gracia; la razón sin la fe; la libertad sin la autoridad; a veces, la autoridad sin la libertad.
 
Es un “enemigo” que cada vez se ha hecho más concreto, con una despreocupación que deja atónitos todavía: Cristo, sí; Iglesia, no. Después: Dios, sí; Cristo, no.
 
Finalmente el grito impío: Dios ha muerto; más aún, Dios no ha existido jamás.
 
Y he aquí la tentativa de edificar la estructura del mundo sobre fundamentos que Nos no dudamos en señalar como los principales responsables de la amenaza que gravita sobre la humanidad: una economía sin Dios, un derecho sin Dios, una política sin Dios.
 
El “enemigo” se ha preparado y se prepara para que Cristo sea un extraño en la universidad, en la escuela, en la familia, en la administración de la justicia, en la actividad legislativa, en la inteligencia entre los pueblos, allí donde se determina la paz o la guerra»
 
 
Pío XII, Discurso en el XXX Aniversario de la Acción Católica Italiana, 12-10-1952.
 
 

lunes, 14 de noviembre de 2011


Las 7 excelencias de la sotana



Tu es sacerdos in aeternum

Con esta breve exposición se espera recordar la importancia del «uniforme sacerdotal», la sotana o hábito talar. Valga otro tanto para el hábito religioso propio de las órdenes y congregaciones. En un mundo secularizado no hay mejor testimonio cristiano de parte de los consagrados a Dios que la vestimenta sagrada en los sacerdotes y religiosos.

Fíjese si el impacto de la sotana es grande ante la sociedad, que muchos regímenes anticristianos la han prohibido expresamente. Esto debe decirnos algo.

Hoy en día son pocas las ocasiones en que podemos admirar a un sacerdote vistiendo su sotana. El uso de la sotana, una tradición que se remonta a tiempos antiquísimos, ha sido olvidado y a veces hasta despreciado. Pero esto no quiere decir que la sotana perdió su utilidad.

La sotana fue instituida por la Iglesia a fines del siglo V con el propósito de darle a sus sacerdotes un modo de vestir serio, simple y austero. Recogiendo esta tradición, el Código de Derecho Canónico impone el hábito eclesiástico a todos los sacerdotes (canon 136 ).

Contra la enseñanza perenne de la Iglesia está la opinión de círculos enemigos de la Tradición que tratan de hacernos creer que el hábito no hace al monje, que el sacerdocio se lleva dentro, que el vestir es lo de menos y que lo mismo se es sacerdote con sotana que de paisano. Sin embargo, la experiencia demuestra todo lo contrario, porque cuando hace más de 1500 años la Iglesia decidió legislar sobre este asunto fue porque era y sigue siendo importante, ya que ella no se preocupa de niñerías.

”Los clérigos han de vestir un hábito eclesiástico digno,

según las normas dadas por la Conferencia Episcopal

y las costumbres legítimas del lugar”. (CDC 284)

Seguidamente exponemos siete excelencias de la sotana condensadas de un escrito del ilustre padre Jaime Tovar Patrón.

1º – El recuerdo constante del sacerdote.- Ciertamente que, una vez recibido el sacramento del Orden, no se olvida fácilmente. Pero nunca viene mal un recordatorio: algo visible, un símbolo constante, un despertador sin ruido, una señal o bandera. El que va de paisano es uno de tantos, el que va con sotana, no. Es un sacerdote y él es el primer persuadido. No puede permanecer neutral, el traje lo delata. O se hace un mártir o un traidor, si llega el caso. Lo que no puede es quedar en el anonimato, como un cualquiera. Y luego… ¡Tanto hablar de compromiso! No hay compromiso cuando exteriormente nada dice lo que se es. Cuando se desprecia el uniforme, se desprecia la categoría o clase que éste representa.



2º – Presencia de lo sobrenatural en el mundo.- No cabe duda que los símbolos nos rodean por todas partes: señales, banderas, insignias, uniformes… Uno de los que más influjo produce es el uniforme. Un policía, un guardián, no hace falta que actúe, detenga, ponga multas, etc. Su simple presencia influye en los demás: conforta, da seguridad, irrita o pone nervioso, según sean las intenciones y conducta de los ciudadanos. Una sotana siempre suscita algo en los que nos rodean. Despierta el sentido de lo sobrenatural. No hace falta predicar, ni siquiera abrir los labios. Al que está bien con Dios le da ánimo, al que tiene enredada la conciencia le avisa, al que vive apartado de Dios le produce remordimiento. Las relaciones del alma con Dios no son exclusivas del templo. Mucha, muchísima gente no pisa la iglesia. Para estas personas, ¿qué mejor forma de llevarles el mensaje de Cristo que dejándoles ver a un sacerdote consagrado vistiendo su sotana? Los fieles han levantando lamentaciones sobre la desacralización y sus devastadores efectos. Los modernistas claman contra el supuesto triunfalismo, se quitan los hábitos, rechazan la corona pontificia, las tradiciones de siempre y después se quejan de seminarios vacíos… de falta de vocaciones. Apagan el fuego y luego se quejan de frío. No hay que dudarlo: la desotanización lleva a la desacralización.

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“En una sociedad secularizada y tendencialmente materialista, donde tienden a desaparecer incluso los signos externos de las realidades sagradas y sobrenaturales, se siente particularmente la necesidad de que el presbítero -hombre de Dios, dispensador de Sus Misterios- sea reconocible a los ojos de la comunidad, también por el vestido que lleva, como signo inequívoco de su dedicación y de la identidad del que desempeña un ministerio público. El presbítero debe ser reconocible sobre todo, por su comportamiento, pero también por un modo de vestir, que ponga de manifiesto de modo inmediatamente perceptible por todo fiel -más aún, por todo hombre- su identidad y su pertenencia a Dios y a la Iglesia.
Por esta razón, el clérigo debe llevar «un hábito eclesiástico decoroso, según las normas establecidas por la Conferencia Episcopal y según las legítimas costumbres locales». Por su incoherencia con el espíritu de tal disciplina, las praxis contrarias no se pueden considerar legítimas costumbres y deben ser removidas por la autoridad competente.

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Exceptuando las situaciones del todo excepcionales, el no usar el hábito eclesiástico por parte del clérigo puede manifestar un escaso sentido de la propia identidad de pastor, enteramente dedicado al servicio de la Iglesia.” (Sgda. Congr. para el Clero, 1994: Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, nº 66)

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3º – Es de gran utilidad para los fieles.- El sacerdote lo es, no sólo cuando está en el templo administrando los sacramentos, sino las veinticuatro horas del día. El sacerdocio no es una profesión, con un horario marcado… es una vida, una entrega total y sin reservas a Dios. El pueblo de Dios tiene derecho a que lo asista el sacerdote. Esto se le facilita si pueden reconocer al sacerdote de entre las demás personas… si éste lleva un signo externo. El que desea trabajar como sacerdote de Cristo debe poder ser identificado como tal para el beneficio de los fieles y el mejor desempeño de su misión.



4º – Sirve para preservar de muchos peligros.- ¡A cuántas cosas se atreverán los clérigos y religiosos si no fuera por el hábito! Esta advertencia, que era sólo teórica cuando la escribía el ejemplar religioso P. Eduardo F. Regatillo, S. I., es hoy una terrible realidad. Primero, fueron cosas de poco bulto: entrar en bares, sitios de recreo, pero poco a poco se ha ido cada vez a más. Los modernistas quieren hacernos creer que la sotana es un obstáculo para que el mensaje de Cristo entre en el mundo. Pero, al suprimirla, han desaparecido las credenciales y el mismo mensaje. De tal modo, que ya muchos piensan que al primero que hay que salvar es al mismo sacerdote que se despojó de la sotana supuestamente para salvar a otros. Hay que reconocer que la sotana fortalece la vocación y disminuye las ocasiones de pecar para el que la viste y los que lo rodean. De los miles que han abandonado el sacerdocio después del Concilio Vaticano II, prácticamente ninguno abandonó la sotana el día antes de irse: lo habían hecho ya mucho antes.



5º – Ayuda desinteresada a los demás.- El pueblo cristiano ven en el sacerdote el hombre de Dios, que no busca su bien particular sino el de sus feligreses. La gente abre de par en par las puertas del corazón para escuchar al padre que es común del pobre y del poderoso. Las puertas de las oficinas y de los despachos, por altos que sean, se abren ante las sotanas y los hábitos religiosos. ¿Quién le niega a una monjita el pan que pide para sus pobres o sus ancianitos? Todo esto viene tradicionalmente unido a unos hábitos. Este prestigio de la sotana se ha ido acumulando a base de tiempo, de sacrificios, de abnegación. Y ahora, ¿se desprenden de ella como si se tratara de un estorbo?



6º – Impone la moderación en el vestir.- La Iglesia preservó siempre a sus sacerdotes del vicio de aparentar más de lo que se es y de la ostentación dándoles un hábito sencillo en que no caben los lujos. La sotana es de una pieza (desde el cuello hasta los pies), de un color (negro) y de una forma (saco). Los armiños y ornamentos ricos se dejan para el templo, pues esas distinciones no adornan a la persona sino al ministro de Dios para que dé realce a las ceremonias sagradas de la Iglesia. Pero, vistiendo de paisano, le acosa al sacerdote la vanidad como a cualquier mortal: las marcas, calidades de telas, de tejidos, colores, etc. Ya no está todo tapado y justificado por el humilde sayal. Al ponerse al nivel del mundo, éste lo zarandeará, a merced de sus gustos y caprichos. Habrá de ir con la moda y su voz ya no se dejará oír como la del que clamaba en el desierto cubierto por el palio del profeta tejido con pelos de camello.

7º – Ejemplo de obediencia al espíritu y legislación de la Iglesia.- Como uno que comparte el Santo Sacerdocio de Cristo, el sacerdote debe ser ejemplo de la humildad, la obediencia y la abnegación del Salvador. La sotana le ayuda a practicar la pobreza, la humildad en el vestuario, la obediencia a la disciplina de la Iglesia y el desprecio a las cosas del mundo. Vistiendo la sotana, difícilmente se olvidará el sacerdote de su papel importante y su misión sagrada o confundirá su traje y su vida con la del mundo.



Estas siete excelencias de la sotana podrán ser aumentadas con otras que le vengan a la mente a usted. Pero, sean las que sean, la sotana por siempre será el símbolo inconfundible del sacerdocio porque así la Iglesia, en su inmensa sabiduría, lo dispuso y ha dado maravillosos frutos a través de los siglos.

Nota:

Conviene recordar: Muchos sacerdotes y religiosos mártires han pagado con su sangre el odio a la fe y a la Iglesia desatado en las terribles persecuciones religiosas de los últimos siglos. Muchos fueron asesinados sencillamente por vestir la sotana. El sacerdote que viste su sotana es para todos un modelo de coherencia con los ideales que profesa, a la vez que honra el cargo que ocupa en la sociedad cristiana.



¡VIVA CRISTO REY!

Si bien es cierto que el hábito no hace al monje, también es cierto que el monje viste hábito y lo viste con honor. ¿Qué podemos pensar del militar que desprecia su uniforme? ¡Lo mismo que del cura que desprecia su sotana!



El hábito eclesiástico de los clérigos

Autor:Pedro María Reyes Vizcaíno

El Canon 284 del Código de derecho canónico habla del modo de vestir de los clérigos. Este es su tenor literal:

Canon 284: Los clérigos han de vestir un hábito eclesiástico digno, según las normas dadas por la Conferencia Episcopal y las costumbres legítimas del lugar.

Mediante la obligación de llevar hábito eclesiástico el Legislador pretende que los clérigos sean reconocidos por todos, como signo de su dedicación y entrega, para dar un testimonio a la sociedad.

No es este el lugar apropiado para describir la evolución de esta norma a lo largo de los siglos. Se puede apuntar, sin embargo, que una norma similar, aun sin la referencia a las normas de la Conferencia episcopal estaba presente en el Código de 1917.



El canon 284 indica que los clérigos han de vestir un hábito eclesiástico digno. El modo de determinar el hábito eclesiástico queda remitido a dos tipos de normas: las indicaciones de la Conferencia episcopal y la costumbre legítima del lugar. Las Conferencias episcopales determinaron en los Decretos de desarrollo del Código el modo de vestir de los clérigos.

Para abundar más, la Congregación para el Clero aprobó el Jueves Santo de 1994 el Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros. En él se incluye un artículo sobre el hábito de los sacerdotes:

Artículo 66. En una sociedad secularizada y tendencialmente materialista, donde tienden a desaparecer incluso los signos externos de las realidades sagradas y sobrenaturales, se siente particularmente la necesidad de que el presbítero -hombre de Dios, dispensador de Sus misterios- sea reconocible a los ojos de la comunidad, también por el vestido que lleva, como signo inequívoco de su dedicación y de la identidad del que desempeña un ministerio público.

El presbítero debe ser reconocible sobre todo, por su comportamiento, pero también por un modo de vestir, que ponga de manifiesto de modo inmediatamente perceptible por todo fiel -más aún, por todo hombre- su identidad y su pertenencia a Dios y a la Iglesia.



Por esta razón, el clérigo debe llevar «un hábito eclesiástico decoroso, según las normas establecidas por la Conferencia Episcopal y según las legítimas costumbres locales». Por su incoherencia con el espíritu de tal disciplina, las praxis contrarias no se pueden considerar legítimas costumbres y deben ser removidas por la autoridad competente. Exceptuando las situaciones del todo excepcionales, el no usar el hábito eclesiástico por parte del clérigo puede manifestar un escaso sentido de la propia identidad de pastor, enteramente dedicado al servicio de la Iglesia.

Este artículo ha sido objeto de una Nota explicativa del Consejo Pontificio para la interpretación de los Textos Legislativos. En ella, después de aclarar que este artículo tiene categoría de Decreto general ejecutorio, y por lo tanto, obliga jurídicamente, da los criterios de interpretación del canon 284 a la luz del artículo 66 del Directorio:

a) Recuerda, también con reenvíos a recientes enseñanzas del Magisterio pontificio en la materia, el fundamento doctrinal y las razones pastorales del uso del hábito eclesiástico por parte de los ministros sagrados, como está prescrito en el can. 284

b) Determina más concretamente el modo de ejecución de tal ley universal sobre el uso del hábito eclesiástico, y así: «cuando no es el talar, debe ser diverso de la manera de vestir de los laicos, y conforme a la dignidad y a la sacralidad del ministerio. La forma y el color deben ser establecidos por la Conferencia Episcopal, siempre en armonía con las disposiciones del derecho universal».

c) Solicita, con una categórica declaración, la observancia y recta aplicación de la disciplina sobre el hábito eclesiástico: «por su incoherencia con el espíritu de tal disciplina, las praxis contrarias no se pueden considerar costumbres legítimas y deben ser removidas por la competente autoridad».

Pero el canon 284 hace una referencia explícita a la costumbre. Se debe indicar que la alusión a la costumbre del canon 284 se refiere al modo de determinar el hábito eclesiástico; sólo basta examinar la redacción misma del canon para comprobar que esta costumbre presupone un hábito eclesiástico cuya determinación puede hacer la costumbre, por lo tanto, distinto de la manera de vestir de los laicos. Esta es la interpretación del Consejo Pontificio para la interpretación de los Textos Legislativos en la Nota explicativa citada. Pero aún queda por ver el valor de la costumbre canónica en esta materia.



En el derecho canónico tiene especial relevancia la costumbre, hasta el punto de que el canon 23 afirma que tiene fuerza de ley la costumbre que el legislador apruebe, de acuerdo con el propio Código. Existen tres tipos de costumbre, la que es de acuerdo con el derecho (secumdum legem), la que es extralegal (praeter legem) y la contraria al derecho (contra legem). La costumbre contra legem, bajo ciertas condiciones, puede prevalecer contra la ley escrita. A la luz de las notas anteriores, parece claro que la praxis de no llevar hábito eclesiástico sólo puede ser considerada costumbre contra legem. Pero es posible plantearse si esta praxis contra legem puede prevalecer contra la ley escrita.

Según el canon 26, para que una costumbre prevalezca contra una ley, es necesario que se haya observado durante treinta años continuos y completos. Pero, de acuerdo con el canon 24 § 2, si la costumbre ha sido expresamente reprobada por el derecho, no puede adquirir fuerza de ley. En este caso parece que se puede incluir la praxis de no llevar hábito eclesiástico.

Queda una última precisión: esta norma obliga a los obispos, a los presbíteros y a los diáconos deacuerdo con el canon 288.

jueves, 10 de noviembre de 2011


Nuestro tema es “La realeza de Cristo y el momento actual”, tema que nos obliga a tomar partida de esa verdad que es la realeza de Cristo.
Ustedes saben que la fiesta de la realeza de Cristo fue instituida por Pío XI allá por el año 1925, y el documento que publicó entonces sobre esta fiesta, la encíclica “Quas Primas”, comenzaba en esta formas:
«En la primera encíclica que dirigimos una vez ascendidos al Pontificado, a todos los Obispos del Orbe católico, mientras indagábamos las causas principales de las calamidades que oprimían y angustiaban al género humano, recordamos haber dicho claramente que tan grande inundación de males se extendía por todo el mundo, porque la mayor parte de los hombres se habían alejado de Cristo y de su santa ley en la práctica de su vida, en la familia y en las cosas publicas; y que no podía haber esperanza cierta de paz duradera entre los pueblos, mientras los individuos y las naciones negasen y renegasen el imperio de Cristo Salvador».
Después explica el remedio: la vuelta a Cristo y su paz. “Por lo tanto, como advertimos entonces, es necesario buscar la paz de Cristo en el reino de Cristo. Así anunciamos también que había de ser este fin cuanto nos fuese posible por el reino de Cristo, porque nos parecía que no se puede tender mas eficazmente a la renovación y afianzamiento de la paz, sino mediante la restauración del Reino de Nuestro Señor”.
De modo que el Papa ya señalaba aquí el mal y señalaba el remedio; y el remedio de la sociedad y de los individuos hoy, esta en el sometimiento al suave yugo de Cristo: Sometimiento en la inteligencia, sometimiento en la voluntad y sometimiento en los corazones por la caridad.
De tal modo, en efecto, se dice que Cristo debe reinar en la inteligencia de los hombres, no solo con la elevación del pensamiento y de su ciencia, sino también porque Él es la Verdad, y es necesario que los hombres reciban con obediencia la Verdad de Él. Igualmente reina en la voluntad de los hombres, ya porque la voluntad está entera, perfectamente sometida a la santa voluntad divina, ya porque con sus aspiraciones influye en nuestra voluntad, de tal modo que nos inflama hacia las cosas más nobles. Finalmente, Cristo es reconocido como rey de los corazones por su caridad, que sobrepasa a todo lo humano en comprensión, y por los atractivos de su mansedumbre y virilidad. Nadie entre los hombres fue tan amado, y no lo será nunca, como Jesucristo.
Ustedes saben que Cristo es rey por dos conceptos. En primer lugar, por razón de su humanidad, que ha sido asumida por el Verbo, por la Divinidad. Esa humanidad de Cristo goza, por lo tanto de una perfección que sobrepasa todo lo que el hombre puede imaginar. En segundo lugar, Cristo es Rey de los hombres por el derecho de conquista, porque con su pasión y con su muerte ha conquistado el derecho de regir a la humanidad; y en Cristo este reinado tiene tres poderes: Poder de legislar, poder de juzgar y poder de mandar, poderes que trasmitió a su Iglesia.
El reinado de Cristo no se extiende solamente sobre los individuos, sino también sobre la sociedad. Esto también lo hace notar Pío XI en la Quas Primas: «No hay diferencia entre los individuos y el consorcio civil, porque los individuos unidos en sociedad, no por eso, están menos bajo la potestad de Cristo que lo están cada uno de ellos en la sociedad pública y privada. Y no hay salvación en algún otro, ni ha sido dado del cielo a los hombres otro nombre en el cual podamos salvarnos”.
Estas son las palabras de los Hechos de los Apóstoles, o sea, palabras de la Escritura. Cristo es el autor de la verdadera felicidad tanto para el mundo de los ciudadanos como para el Estado. No es feliz la ciudad por otra razón distinta de aquella por la cual es feliz el hombre, porque la nación no es otra cosa que una multitud concorde de hombres. De modo, entonces, que el hombre tiene que reconocer el imperio de Cristo sobre los individuos, pero no solamente sobre los individuos, sino sobre la sociedad. Sobre las sociedades particulares, la familia, las distintas organizaciones intermedias, los Estados, las naciones y la vida internacional.
Esta realeza de Cristo se concretaba en otros tiempos en lo que se llamaba la Cristiandad, es decir, la civilización cristiana, el orden cristiano.
La cristiandad, en rigor, comienza con Constantino, después de la época de los mártires, y conoce su esplendor más grande en el reinado de San Luis, rey de Francia; un esplendor en todas las actividades de la vida, no solamente en la política, sino en todas las otras actividades; en el arte, con Fray Angélico, en la filosofía, con Santo Tomas; en fin, todas las manifestaciones de la cultura alcanzan su esplendor.
Todo esto que estoy diciendo suena a viejo hoy, porque dentro del mundo, y particularmente dentro de la Iglesia, nos ha invadido el progresismo, y entonces existe un repudio a Constantino y a la época constantiniana, a la época carolingia, a la época gregoriana. Estamos pasando un momento en el cual los mismos católicos están renegando de dos mil años de historia; repudian la época constantiniana, repudian la Cristiandad, la civilización cristiana. Son estas, hoy, malas palabras.
A pesar de esto hay que reconocer y afirmar la grandeza de esa época histórica, y para eso nada mejor que recordar las palabras grandes de León XIII en la “inmortale Dei”: «Hubo un tiempo en que la filosofía del Evangelio gobernaba los Estados, entonces aquella civilización propia de la sabiduría de Cristo y de su divina virtud, había compenetrado todas las leyes, las inteligencias, las costumbres de los pueblos, impregnando todas las capas sociales y todas las manifestaciones de la vida de las naciones. Tiempo en que la Religión fundada en Jesucristo estaba firmemente colocada en el sitial que le correspondía en todas partes, gracias al favor de los príncipes y la legitima protección de los magistrados. Tiempos en que el sacerdocio y el poder civil unían armoniosamente la concordia y la amigable de mutuos deberes.”
Organizada de este modo la sociedad, produjo un bienestar superior a toda imaginación. Aún se conserva la memoria de ellos, y ella perdurará grabada en un sin numero de monumentos de aquella gesta que ningún artificio de los adversarios podrá jamás destruir ni oscurecer.
Si la Europa Cristiana civilizó a las naciones bárbaras e hizo cambiar la ferocidad por la mansedumbre, la superstición por la verdad; si rechazó victoriosa las invasiones de los bárbaros; si conservo el cetro de la civilización y si se ha acostumbrado a ser guía del mundo hacia la dignidad de la cultura humana y maestra de los demás; si ha agraciado a los pueblos con la verdadera libertad en sus varias formas; si muy sobriamente ha creado numerosas obras para aliviar la desgracia de los hombres; ese beneficio se debe, sin discusión posible, a la religión, la cual auspicio la realización de tamañas empresas y coadyuvó a llevarlas a cabo. Habrían perdurado ciertamente aún esos mismos beneficios, si ambas potestades hubiesen mantenido la concordia, y con razón mayores se podrían esperar si se acogiesen la autoridad, el magisterio y las orientaciones de la Iglesia con mayor lealtad y constancia. Las palabras que escribía Ivo de chartres al Romano Pontífice Pascual II debían respetarse como norma perpetua: “Cuando el poder civil y el sacerdote viven en buena armonía, el mundo esta bien gobernado, la Iglesia florece y prospera; pero cuando están en discordia no-solo no prosperan las cosas pequeñas, sino también las cosas grandes decaen miserablemente”.
La Cristiandad produjo, entonces, una época en que reinaban la concordia, la estabilidad y la paz en las familias, en la sociedad y en la Cristiandad.
Frente a esta sociedad gobernada por Jesucristo a través de la Iglesia, esta la Revolución. La Revolución quiere otra sociedad, no una sociedad estabilizada en el orden y en la paz, sino una sociedad en movimiento, en cambio, en dialéctica.
La Revolución, en su esencia, representa la réplica exacta de la primera rebelión del hombre contra Dios, tal como ha sido relatada en el Génesis; ella toma por su cuenta la frase del tentador: “Seréis como dioses”. Su apoyo, su soporte, es la filosofía del devenir puro que se opone radicalmente a la filosofía del Ser, la de Dios, que se presenta en el Antiguo Testamento como “Aquél que es el que es”.
La Revolución no puede ser considerada como una concepción bien definida del mundo, ya que ella quiere representar su devenir perpetuo; no hay propiamente verdad revolucionaria, sino solamente una cosa que quiere ser transformación del mundo con el hombre en perpetuo movimiento. El hombre no es, el hombre se hace; el mundo no es, el mundo se crea; por lo tanto, no hay verdad ni falsedad, ni bien ni mal, se maneja con la dialéctica, la famosa dialéctica hegeliana, en la cual se pasa de la afirmación a negación, que se superan en la síntesis, y así anda dando el mundo un espiral sin llegar a la meta.
La Revolución es dialéctica, y con la dialéctica se destruye todo un mundo fundado en la Verdad, en el Ser, en la estabilidad; es decir, en el sometimiento del hombre a las leyes naturales y sobrenaturales, al derecho natural, a una concepción de que el hombre es un compuesto, que tiene una esencia, y que no hay que contrariar a esta esencia, sino que hay una concepción de que el hombre es un compuesto, que tiene una esencia y que no hay contrariar a esta esencia, sino que hay que respetarla. La Revolución no reconoce ni naturaleza ni sobrenaturaleza, y la revolución opera con la dialéctica en la destrucción de la Cristiandad, y esto lo viene haciendo no desde ahora, no desde el tiempo de Marx, ni desde Hegel, sino que lo viene haciendo desde que comenzó la Revolución hace cinco siglos.
La Iglesia, aunque su destino definitivo sea la vida futura, logró edificar aquí en la tierra una ciudad, aunque imperfecta como todo lo humano, ostenta las condiciones esenciales para ser y denominarse católica. Pero una ciudad católica es una realización muy difícil que solo puede darse milagrosamente bajo la acción de una providencia especial.
El hombre ha quedado de tal suerte, herido en el estado que tiene en este mundo, en las facultades más naturales, que cuando se ordena naturalmente queda en estado de equilibrio inestable, muy difícil de mantener. Necesita de la Gracia para moverse en ese estado, gracia que se le da si la pide.
La Civilización o Ciudad Católica es un milagro, y tiene muchos enemigos interiores y exteriores. Los enemigos interiores provienen del mismo hombre, pues si no es muy humilde para sostener el Don Divino, va a flaquear, caer y perderlo todo y perderse. Los enemigos son el Diablo, príncipe de este mundo, y los pueblos judíos y paganos, que van a tratar con toda clase de astucia de destruir la Cristiandad. Para destruir la Cristiandad se hecha mano de armas dialécticas. ¿Qué es la dialéctica? La dialéctica consiste en romper, separar y dividir lo que esta unido. Toda destrucción es separación; así como la vida es unión, unión de la creatura con el Creador, de la naturaleza humana con la Divina, de la razón con la Revelación, de la política con la teología, del imperio con la sociedad contra el Sacerdocio. Metieron cuñas para separar y dividir lo que por disposición divina esta unido, y llegó un momento en que la separación se produjo. Se separo el sacerdocio del imperio, la Teología de la filosofía, la política de la religión, la razón de la Fe, la naturaleza de la sobrenaturaleza, las naciones de la Cristiandad, los pueblos del Ungido de Dios.
Consumada la primera ruptura, producida la primera quiebra, no quedaba sino una alternativa; o rehacer lo que se había quebrado o continuar un proceso de nueva ruptura. Y hoy día la ruptura llega a lo ultimo. En primer lugar, la sociedad civil estaba unida a la religión, pero se quiebra esta unión, se independiza la religión de la sociedad civil, y luego la sociedad misma se anarquizando; se llega a lo ultimo en todos los ordenes.
Ahora que se ha llegado al extremo, es decir que la Cristiandad no existe, la naturaleza del hombre no es respetada. En la revolución que se ha operado es tal el proceso de destrucción de la civilización cristiana, que se esta pensando unir al hombre sobre otra base para llegar a la unificación total del mundo por medio de un gobierno mundial, gobierno mundial que no va a respetar ni la naturaleza del hombre ni la sobrenaturaleza. En ese plan estamos actualmente. Ese plan, el plan de la Revolución, lo han preparado las logias masónicas desde hace siglos. En el siglo XVII aparece un personaje muy importante, el cual ya profetizó, anunció o echó, mejor dicho, los lineamientos de un nuevo poder social fundado en la Revolución. Ese personaje es Amos Komenius.
¿Quién era Komenius? Komenius había nacido en 1892, en Moravia, de padres que pertenecían a la comunidad de los Hermanos Moravos, que habían tomado ese nombre en 1575, cuando se acordó el derecho de reunión. Eran sucesores directos de los husitas, es decir de aquellos herejes que habían nacido en Praga y que fundaron el primer régimen comunista, el más absoluto que fue instalado en Munster por los anabaptistas bajo el nombre de Reino de Dios.
Todo eso fue desecho por los príncipes de entonces y Komenius se retiró a Londres, se impregno de las obras de Bacon y de los Rosacruces, fue a Suecia, estuvo con su amigo Luis de Greer, que era de la secta de los Rosacruces, y después fue a Polonia; Y, como digo, Komenius planifico lo que había de ser la sociedad. Hizo esa planificación en la cultura por el Consejo de la Luz, en la política por un Tribunal de Paz y en lo religioso por una Unión de Iglesias. Para realizar ese plan, el plan de unificación total de la sociedad humana con un gobierno también mundial, encontró que había dos grandes enemigos.
Esto lo dejo escrito en un libro que se llama “Lux in tenebris” en 1657. Vamos a leer las paginas textuales en que denuncia a estos dos grandes enemigos.
«El Papa es el gran Anti-Cristo -dice Komenius- de la babilonia universal. La bestia que va detrás del Anti-Cristo es el Imperio Romano, el Santo Imperio Romano-Germano, y especialmente la casa de Austria. Dios no tolerara por mas tiempo estas cosas. Destruirá, por fin, el mundo de los impíos en un diluvio de sangre. Al final de la guerra el papado y la casa de Austria serán destruidas”.
De modo que ya Komenius en el siglo XVII anuncia que los dos enemigos para llegar al gobierno mundial, un gobierno de la Revolución, son el Papado y la casa de Austria. El Papado, que representaba el poder espiritual, y el Santo Imperio Romano-Germano, como símbolo o como resto del poder político universal que venia de Constantino.
Este plan de Komenius se va a ir cumpliendo inexorablemente poco a poco, y se pueden indicar como fechas del cumplimiento, en primer lugar, la paz de Westafalia en 1648, en la cual se llego al reconocimiento de las religiones protestantes en Europa, perdiendo la Iglesia Católica el predominio que tenia en la sociedad; el Congreso de Viena en 1815; la pérdida del poder temporal de los Papas en 1870 y el fin de la casa de Austria en 1917 con la primera guerra mundial.
Después de la Reforma los estados protestantes tenían ya un peso muy grande en los negocios de Europa, pero en 1818 se había hecho inclinar la balanza en su favor. No solo estos países, en su mayoría católicos, como Rumania y Bélgica, pasaban el poder de las monarquías protestantes, sino que la confederación Germánica, esbozando la Unidad alemana por la desaparición de un cierto numero de estados pequeños, disminuía considerablemente la influencia de la católica Austria en el centro norte de Europa, mientras que Rusia venia a dominar la parte oriental. Inglaterra, por su parte, se aseguraba con el imperio de los mares sus relaciones con la futura política imperial en el Mediterráneo, en el Medio Oriente y en el Extremo Oriente, hasta el día en que al comenzar el siglo XX controlaría, directa o indirectamente, casi un cuarto de la población del globo. En 1849 se anuncia la nueva configuración de Europa, una Europa en la cual iba a desaparecer el Papado, que realmente desaparece en 1870. El poder político iba a terminar con la Casa de Austria en 1917.
Lo que sorprende inmediatamente al observador astuto es la inversión de los polos que se ha realizado en Occidente; con el Catolicismo definitivamente evacuado de la política internacional absolutamente laicalizada, el eje no pasa ya por las capitales de los Estados católicos. París y Viena son puntos secundarios con relación a las naciones de predominancia protestante y ceden el sitio a Londres. Berlín y Nueva York. En lo internacional se va haciendo un cambio y se va anulando la influencia de la Iglesia, del Catolicismo y sobre todo del Papado, con lo que se cumple una cosa muy importante que es la siguiente: San Pablo, cuando en la carta a los Colosenses se pregunta por qué no viene el Anti-cristo contesta: El Anti-Cristo no viene porque hay un obstáculo que le impide venir. ¿Cuál es ese obstáculo? Los exegetas medievales, entre ellos Santo Tomas de Aquino, explican que el obstáculo es el Imperio Romano, y mientras perdure el Imperio Romano el Anti-Cristo no puede venir.
Y ese obstáculo ha sido removido totalmente, ya no queda nada del Imperio Romano; entonces el enemigo puede planear, puede proyectar el Imperio del Anti-Cristo, un imperio político unificado en un régimen de un gobierno sometido al enemigo, sometido al Anti-Cristo.
Como ven, estamos muy lejos de la encíclica Quas Primas y de que la sociedad universal debe estar sometida al suave yugo de Cristo.
Con esta afirmación de que el mundo va caminando al imperio del Anti-Cristo entramos en otra parte de nuestra conferencia, en la que voy a esbozar los planes del gobierno mundial.
Los planes del gobierno mundial que están actualmente en ejecución y que están en lucha en este momento son dos. Uno es un gobierno mundial con el liderazgo norteamericano, o sea, el mundo bajo el gobierno efectivo de los E.E.U.U.; el otro es un gobierno mundial con liderazgo europeo.
El gobierno mundial con liderazgo norteamericano ha sido expuesto por un presidente norteamericano del siglo pasado. En 1872, Grant, dos veces presidente de los E.E.U.U., inauguraba su segundo mandato con una proclamación en la cual había un párrafo que decía: «El mundo civilizado tiende al republinanismo, hacia el gobierno del pueblo por sus representantes y nuestra república está destinada a servir de guía a todas las otras. Nuestro Creador prepara el mundo para convertirse, con el tiempo oportuno, en una gran Nación, que no hablará sino una sola lengua y en que todos los ejércitos y la flota no serán necesarios».
Para cumplir este gobierno mundial, las logias de la masonería mundial, sobre todo guiadas por una logia, la logia del paladismo, comenzó amover los títeres de la política mundial con ese objeto.
Para conocer cuál es el segundo plan del gobierno mundial – el de liderazgo europeo- vamos a referirnos al Pacto Sinárquico, que es un escrito que consta de trece proposiciones fundamentales y 598 artículos, en el que se explica cómo va a ser el gobierno mundial futuro.
Este pacto fue descubierto en tiempo de la ocupación de Francia. Vamos a leer solamente algunas proposiciones que nos interesan. El punto trece dice así: «El orden sinárquico que no puede concebirse fuera de la paz civilizadora, fundada sobre el honor, y honorable para todos, exige no tanto que el estado actual de las potencias sea modificado por un desplazamiento de las fronteras, sino que la vida sinárquica de cada pueblo sea respetada de modo original, que la unión federativa de Europa sea realizada, que, en fin, la sociedad mayor de las naciones sea cumplida y llevada a su realidad universal por la interposición judicial de cinco sociedades menores de naciones ya construidas de hecho y en vías de constitución en nuestra época». Y después va explicando como sería esta estructura sinárquica del mundo. En cada nación se arreglaría la sociedad por orden, por capas organizadas, las cuales terminarían en tres grandes órdenes: un orden que contemplaría todo el orden social y económico de los pueblos; otro orden que encerraría el orden cultural de los pueblos, y en ese orden cultural estaría incluido lo religioso. Eso en cada nación del mundo, que luego se agruparían en cinco grandes federaciones: una sociedad menor de naciones británicas, que comprenderían a Inglaterra y el Commonwealt; una sociedad menor de naciones americanas, que comprendería a E.E.U.U. y a toda América Latina; una sociedad menor que comprendería a Rusia y a todas las naciones panasiáticas que comprendería al Asia. Esto sería una estructura sinárquica piramidal, que implica la formación de cinco grandes federaciones imperiales, ya constituidas o en vías de constitución.
Este ordenamiento sinárquico del mundo se caracteriza por su equilibro mundial, por lo tanto no habría como hoy hay naciones que tienen un gran predominio, por ejemplo E.E.U.U. y Rusia, sino que habría un equilibrio, estarían todas las naciones más o menos emparejadas, dándose un equilibrio mundial más allá del colectivismo y el liberalismo. La sinarquía quiere superar la antitesis del liberalismo y del colectivismo y llegar a una sociedad sinárquica donde se equilibren el comunismo y el liberalismo, donde se haga una cosa pareja. Eso ya está en movimiento, en constitución, siendo Francia la Nación que está haciendo toda su política, no solamente dentro de sus fronteras, sino en toda Europa.
La sinarquía no es ni liberal ni comunista, sino que está por encima de ambas ideologías tratando de compaginar un gobierno de empresarios (liberal) con los obreros (comunismo), es decir una unión de burgueses y proletarios, un equilibrio mundial más allá del colectivismo y del liberalismo, sin ninguna potencia hegemónica, bajo la acción de Francia «como lugar histórico». Esto está dicho en la proposición 578: « El imperio sinárquico francés es el lugar histórico, lo mismo que el espíritu francés es el catalizador sicológico de una grande y noble experiencia de la cooperación humana, entre las razas blancas, amarillas y negras. Nuestra ambición es perfecta: una sintesís de carácter universal que se da como la imagen de lo que la Francia metropolitana, país de síntesis demográfica y centro geográfico del mundo».
Civilizado el imperio sinárquico francés, no puede ser finalmente concebido ni querido al margen de la vida europea ni de la vida del mundo. Un programa aparentemente nacional, donde se trataría de respetar la voluntad de las naciones, de autodeterminación de los pueblos en un equilibrio mundial. Esto es lo que propone la Sinarquía.
Hay un libro de Pierre Virion («El Gobierno mundial y la contra Iglesia») que hace ver como en realidad este gobierno mundial tiende a la tecnocracia, tiende a una organización mecánica del hombre y de los pueblos, como si fuesen robots, como si fueran máquinas, como si fueran una computadora electrónica y que supone toda una acción de lavado de cerebro por medio del empleo de los métodos psicotécnicos para cambiar al hombre. Una organización del mundo en el cual el hombre se convierte en esclavo, pero no en esclavo del tipo antiguo, en que por terror se lo sometía a un orden y al trabajo, sino una esclavitud en la cual, usando los medios psicotécnicos, se haría entrar al hombre en la sociedad, para que haga lo que la sociedad quiere.
Todo está en ejecución, y las luchas que hay en el mundo actual están provocadas por la pugna que hay entre dos fracciones para la ejecución de estos planes.
En la primera guerra mundial se liquida la casa de Austria, que es el último resto que quedaba de orden cristiano, y se implanta el comunismo.
Viene la segunda guerra mundial y tiene como resultado el acuerdo de Yalta, que hace dos cosas fundamentales: 1º Une al mundo eslavo detrás de la cortina de hierro, cumpliendo los planes del siglo pasado. 2º Impone una política bipolar, es decir divide al mundo en dos zonas de influencia: una que se reserva a Estados Unidos y otra que se reserva a Rusia. Y ahora se está yendo a una tercera guerra para imponer una política de gobierno mundial de tipo sinárquico, un mundialismo con el liderazgo de De Gaulle.
Todos estos hechos determinaron la aparición, desde hace unos años, de una lucha entre la política bipolar desarrollada por el acuerdo ruso- americano y la política neutralista encabezada por De Gaulle; lucha que se manifiesta en tres puntos claves: Vietnam, en el Medio Oriente y en Europa.
En el Vietnam, por ejemplo, la política que mantienen Rusia y Estados Unidos es una política de equilibrio. Cuando más temperatura hay en una de las zonas -la americana o la rusa- más los grandes tientan de clamar la fiebre y volver al estado de equilibrio. Todo pasa como si cada uno empujase a sus peones en convivencia con el otro para mantener o restablecer el equilibrio de fuerzas, y por eso no llegan a una definición ni los unos ni los otros, hecho que nos hace pensar más en un acuerdo que en una rivalidad ruso-americana.
Otro tanto pasa en Medio Oriente, donde también hay otro estado de equilibrio. Y en Europa pasa lo mismo, donde frente a la política bipolar se va desarrollando una política neutralista encabezada por De Gaulle, para que se salga del dominio de la hegemonía rusa y de la hegemonía nortamericana y se afirme la neutralidad.
En definitiva, ¿Cual mundialismo logrará imponerse? Es claro aquí que no podemos conjeturar. Es difícil saber lo que va a pasar.
Por lo pronto hay que reconocer que la balanza del poder tecnológico y militar se está inclinando a favor del mundialismo norteamericano. Los últimos acontecimientos de Europa lo revelan. Checoslovaquia, influenciada por los políticos neutralistas y por De Gaulle, estuvo a punto de pasarse a la sinarquía. Eso, evidentemente, habría sido un gran contratiempo para el liderazgo norteamericano, pues se habría reforzado el Mercado Común Europeo. Como consecuencia, Rusia -obedeciendo a la influencia del Pentágono- lo ha impedido, ocupando militarmente a Checoslovaquia.
Sin embargo, aunque el poder militar está trabajando a favor del mundialismo norteamericano, sería mejor, en este momento crítico y decisivo, atender al poder político de la sinarquía mundial, y sobre todo al poder de intriga, en el que son expertos los judíos que están manejando a la sinarquía de un modo particular. La técnica va a ser la siguiente: endurecer ambos polos del sistema bipolar, para que una vez endurecidos vayan al choque y a la guerra. Este es, a mi entender, el único camino que tiene la sinarquía para abatir el evidente predominio norteamericano y cumplir los planes sinárquicos del gobierno mundial, fundados en una igualdad de federaciones mundiales porque el poder nuclear está más o menos equilibrado; Estados Unidos podrá aniquilar a Rusia, pero Rusia puede también aniquilar a Estados Unidos. De esta forma se podrá pasar directamente a un gobierno mundial sobre un equilibrio de naciones sin gigantes, de naciones igualadas. Con una guerra mundial el mundialismo sinárquico se impondría.
No faltará quien piense que la guerra es una locura, Respondamos, efectivamente, que el mundo esta loco, está esquizofrénico, es por tanto lógico que se sumerja en una crisis de locura.
En efecto, no hay nada estable en la política del mundo moderno, no hay, por lo tanto, verdad. Solamente negar la existencia de una verdad inmutable viene a ser lo mismo que negar la existencia de un orden, ya que la verdad es el pensamiento de acuerdo con lo real, lo real natural y sobrenatural, naturaleza y gracia, es decir, aquel orden que conoció la cristiandad, el orden establecido por el suave yugo de Cristo.
En esta condiciones no se puede establecer orden perdurable; se condena al desorden de elegir una inestabilidad permanente, que es el estado natural de la revolución. Las guerras y los conflictos más y más cercanos y sangrientos son inevitables a medida que se quiere el devenir, el puro cambio, y no el Ser.
Ya que laEl deseo de paz está seguramente en el corazón de cada uno, pero poner la paz sin Dios es un absurdo, porque sin El, la justicia está separada y toda esperanza de paz se convierte en quimera. Justamente el mundo contemporáneo proclama la paz en nombre de los sueños pacifistas de un sincretismo religioso y filosófico, bajo pretexto de olvidar lo que divide para poner en común lo que une. Comienza así el más grande pecado que hay contra Dios, que vino sobre la tierra para dividir el bien del mal, el error y la mentira de la verdad; y hoy en cambio , se mezcla el bien y mal, la verdad y el error, los sexos, todo se mezcla. Ya las guerras son consecuencias del pecado de los hombres, el pecado del espíritu no puede sino alejar la paz y traer sobre las naciones los peores castigos. No es por nada, que al comienzo del siglo XX, la Madre de Dios, vino ella misma a advertirnos en Fátima, el año 17, que si no se cambiaba de vida, si no se escuchaban sus súplicas, habría guerras y persecuciones que causarían el aniquilamiento de grandes naciones.
La paz del mundo, como en las familias y en los individuos, será siempre proporcional a la sumisión al orden, será siempre proporcional al grado de unión con Dios; rechazado el suave yugo de Nuestro Señor Jesucristo, la realeza de Cristo, es decir, repudiando hasta la noción misma de cristiandad, nuestro mundo ha entrado en revuelta, en rebelión, en revolución; ha caído bajo el poder del príncipe de este mundo, Satán, que como decía Cristo, es homicida desde el comienzo. Aquí se ve la importancia central que tiene todo ordenamiento político, tanto nacional como internacional, la noción de cristiandad, noción que envuelve la del sometimiento de las naciones y del mundo al suave yugo de Jesucristo.
Por ello, la festividad de Cristo Rey proclama la necesidad de que el mundo se someta a Jesucristo no solo como verdad religiosa sino como verdad política; proclama la necesidad absoluta para el hombre -creatura y pecador- de encontrar su salud total y temporal en Jesucristo, el Unigénito del Padre que ha tomado nuestra humanidad en el seno de la Virgen Madre. Sin Jesucristo el individuo, las naciones y el mundo marchan aceleradamente a la catástrofe. Sólo en Jesucristo tenemos la salud eterna y temporal. Nada más

* Conferencia dictada por el Padre Julio Menvielle (1905-1973) en Rosario con ocasion de la Festividad de Cristo Rey, publicada en la Revista Verbo Nº 235 de Agosto de 1983. (no se menciona la fecha de la conferencia)

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Me han preguntado por qué siempre escribo con mayusculas, sé que algún psicologo podra decir un diagnóstico, pero solo escribo así por hábito, pero aqui me tienen escribiendo "correctamente".
Soy una de las personas convencidas en el poder de la palabra escrita, no importa que los tiempos sean diferentes y con frecuencia se escuche: "ya casi nadie lee".  No solo la palabra pronunciada, sino la palabra escrita sigue teniendo la misma fuerza y valor.    En algunos pueblos me platican como hace años para prestar algo a un vecino bastaba un "mañana te lo devuelvo" hoy eso ya no es suficiente. Signo de que la palabra pronunciada en muchos lugares ya no tiene validez y por eso hoy es muy común acudir a un -pagare- y asi asegurar que ese "mañana te lo devuelvo" tenga cabal cumplimiento.
Hace tiempo comentaba que en el Evangelio el Señor Jesús nos dice: "ustedes digan "no" cuando es no y "si" cuando es si....lo demás viene del maligno.."
La palabra tiene su fuerza en sí misma, no necesita "pagares".  es responsabilidad nuestra hacer que la palabra no se desvirtúe.  
Me gusta dialogar, aprendes mil cosas, aprendes el valor de un gesto, de una hazaña, de un sacrificio. no basta lo externo, siempre la palabra dará fuerza a lo que vez, por eso los enamorados no solo se obsequian corazones de chocolate, sino que acompañan con palabras el cariño que se profesan.
Me gusta escuchar a las personas, no importa que sean quejas, yo tengo muchas, pero siempre he creído que una mas no afecta mi ya atiborrado saco de quejas.
Me gusta escuchar, es la mejor manera de aprender.  siempre lo he dicho que si quieres aprender cosas no leas muchos libros, mejor platica con la gente.
Me gusta escuchar, porque al sonido de mil palabras puedes emprender un largo viaje a épocas pasadas, a lugares distantes y a situaciones que no has vivido.
Me gusta escuchar, porque logras entrar en lugares donde no es común que entres: el alma de tu hermano.
Por eso creo en la palabra, el el dulce sonido de la palabra que muchas veces te lleva a saborear el silencio, tan necesario y preámbulo del sonido dulce de un "hola, buenas tardes".
Escribir, aunque muchos no lean es también el comienzo de un dialogo, de un en cuentro.   A muchos nos gusta intercambiar impresiones a través de estos medios.
Es genial saber que un signo de la comunión es el diálogo.   
Por todo eso no quiero renunciar al diálogo que por las palabras te lleve al infinito.
El Informe sobre Libertad Religiosa del Departamento de Estado del gobierno de los Estados Unidos de América ha publicado, en septiembre pasado, el panorama global de la libertad religiosa durante el 2010. México es analizado en este reporte que lo ubica como una de las naciones del orbe que garantiza la libertad religiosa y el ejercicio del culto público; sin embargo, se observa la ausencia de “mecanismos” que refuercen la acción de las autoridades locales, en muchos estados, para evitar la discriminación de personas por motivos de religión.

De acuerdo a los datos generales del Departamento de Estado, México cuenta con una población de 112 millones de habitantes, conforme al censo del 2000, de la cual el 80% es católica. Existen once mil iglesias católicas, catorce mil sacerdotes y noventa mil laicos trabajando en labores eclesiales, mientras que las principales organizaciones religiosas son identificadas con pentecostales, neopentecostales, protestantes históricos (presbiterianos, bautistas, metodistas, nazarenos o menonitas), adventistas del séptimo día, testigos de Jehová, mormones, musulmanes y judíos. Sólo el 3% de la población mencionó que no practica religión alguna.

El informe ofrece una descripción de la protección de la libertad religiosa garantizada por el artículo 24 de la Constitución así como el procedimiento de formación y registro de las asociaciones religiosas de conformidad con las leyes vigentes. No pasa por alto que la legislación mexicana tiene ciertas limitaciones del ejercicio de este derecho, particularmente la prohibición a las asociaciones religiosas para tener en propiedad medios de comunicación; el reporte afirma que las transmisiones religiosas vía radio o TV requieren del permiso legal mismo que es difícil de obtener por grupos no católicos. El resultado es la proliferación de más de 400 estaciones piratas de radio, de carácter evangélico-protestante, según la organización no gubernamental “Asociación a Favor de la Libertad Religiosa”. La Secretaría de Estado afirma que en “2009, la Dirección de Asociaciones Religiosas de la Secretaría de Gobernación, los comisionados de la Comisión Federal de Telecomunicaciones y el Dirección de Radio, Televisión y Cinematografía, negociaron las licencias de treinta de estas estaciones. De acuerdo con la Asociación a Favor de la Libertad Religiosa, no obstante haber reunido la documentación requerida, las licencias no habían sido entregadas poniendo a las estaciones evangélicas en riesgo de clausura… En julio de 2010, individuos identificados como policías federales cerraron la estación de FM 100.3 de Tabasco la cual transmitía el programa Señal de Vida, confiscando el equipo radial…”

Refiere, por otro lado, algunas quejas presentadas ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos debido a la intolerancia religiosa en comunidades indígenas del estado de Chiapas. En julio de 2009, por ejemplo, las autoridades del municipio de Zinacantán realizaron la suspensión del agua y de la electricidad a evangélicos por haberse negado a cooperar en la organización de las fiestas católicas de la comunidad. Aún cuando les fueron restablecidos estos servicios, eventualmente serían expulsados del municipio. Para finales del 2009, les fue permitido el regreso a la comunidad y para febrero del siguiente año fue requerida la intervención del subsecretario de asuntos religiosos de la Secretaría de Gobernación para ser intermediario en el diálogo entre los evangélicos y la comunidad y permitir la solución de las diferencias por causas de religión.

Otro problema se registró en diciembre de 2009 en la comunidad de Sebastián Tlacotepec de Porfirio Díaz, en el estado de Puebla. Una queja presentada ante la CNDH exhibió las presiones contra el evangélico Andrés Carrillo Roma para actuar como abogado de la iglesia católica local, de negarse sería exiliado de la comunidad. Al rechazar el encargo, fue arrestado durante quince horas. De acuerdo con el reporte, ninguna acción fue realizada en este caso específico.

En general, los reportes de intolerancia religiosa se han dado en el sureste mexicano en las comunidades indígenas donde miembros de minorías religiosas se han negado a contribuir a las festividades católicas. Las medidas en contra de estos grupos han sido impuestas por líderes locales que van desde la suspensión de servicios municipales, expulsión de las comunidades, pérdida de derechos comunitarios y de posesiones personales y negación de beneficios gubernamentales por causas religiosas hasta golpizas, torturas y la destrucción de sus casas y sitios de culto. El informe concluye que estas situaciones de intolerancia son alimentadas por la violencia, la pobreza, las disputas por tierras y la falta de oportunidades educativas.

En 15 casos de intolerancia en el sureste mexicano, la Dirección de Asociaciones Religiosas ha intervenido para propiciar el diálogo con el objetivo de promocionar la armonía social y desactivar los conflictos. Y concluye el informe que, para el gobierno de los Estados Unidos, la libertad religiosa es un tema esencial en la promoción de los derechos humanos denotando así su preocupación para que sus representantes en México intervengan en todos los órdenes de gobierno y logren la protección de este derecho que, según la secretaria de Estado, “es la piedra fundamental de toda sociedad democrática sana… que permite su estabilidad, seguridad y prosperidad”.